Excelencia mundial II

Hoy queremos continuar con la apasionante historia del chocolate y los chocolateros suizos…

Los primeros fabricantes establecieron sus manufacturas en antiguos molinos de harina o en aserraderos; otros asentaron sus fábricas en las riberas.

Es importante señalar que Suiza tiene una densa red viaria. Así, el contratiempo que suponía el no tener acceso al mar, no implicaba ninguna desventaja a la hora de importar los productos ultramarinos. Gracias a esta densa red, los suizos podían entablar contactos con facilidad en Italia, que fue uno de los socios comerciales más importantes respecto a la industria chocolatera. Con la llegada del turismo a Suiza, los visitantes –mayormente británicos– se convirtieron en los clientes más importantes de los chocolateros suizos.

Con la llegada de la industrialización, los contemporáneos fueron testigos de los grandes avances en la industria del chocolate, en particular la aparición del chocolate en tablillas. La automatización de la producción redujo un poco los precios.

Tras sucesivas décadas en las que la producción del chocolate sufrió una evolución gradual, llegó el boom de la industria chocolatera suiza en los últimos años del siglo. El número de personas que trabajaban en este sector de la industria alimenticia se incrementó enormemente, duplicándose entre 1888 y 1910.

El auge tuvo varias consecuencias para los manufactureros. Muchas de las empresas establecidas se fusionaron con otras; otras en cambio se quebraron. Aunque quizás nosotros como consumidores no nos damos cuenta, muchas de las marcas que hoy nos suenan familiares, pertenecen a compañías contadas y muy estrechamente emparentadas entre sí. No obstante, algunos fabricantes permanecieron más tiempo independientes, mientras que otras compañías suizas todavía siguen siendo empresas con una fuerte tradición familiar.

Sin embargo, el mercado interno siempre fue muy pequeño para los comerciantes suizos. En los preliminares del siglo XX, sólo una cuarta parte de la producción total se vendía en Suiza. El chocolate fue ante todo una mercancía de exportación. Cuando en 1890, la exportación anual del chocolate alcanzó alrededor de 600.000 kg, en 1914 ya eran unos 17 millones de kilos. En los años anteriores al estallido de la Primera Guerra Mundial, Suiza abastecía la mitad de la demanda mundial de chocolate.

Pero la época dorada de la industria chocolatera suiza no duró mucho tiempo. El final de la Primera Guerra Mundial supuso una baja de la exportación del chocolate, porque los ejércitos extranjeros dejaron de comprar «chocolate militar suizo» para sus soldados. Más tarde, con la crisis económica mundial en 1929, el mercado exterior se limitó todavía más. Las posibilidades de crecimiento en el mercado interior eran muy limitadas, con lo cual muchos fabricantes suizos entraron en dificultades.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue muy difícil importar cacao o azúcar. Por eso, las autoridades helvéticas racionaban la producción del chocolate entre septiembre de 1943 hasta mayo de 1946. Sólo después de esta guerra cuando el chocolate dejó de ser un producto de lujo para convertirse en una mercancía al alcance de todos. La demanda creció notablemente y los fabricantes empezaron a luchar por el dominio del mercado.

En la actualidad, reconocemos a los suizos como los mayores productores de chocolate. En Suiza, podemos conseguir las más finas y exquisitas elaboraciones. Pero esto no es lo único legado de la tierra de los relojes, sino que también hoy contamos con varios logros tecnológicos realmente destacados y que los suizos reclaman como propios, entre ellos:

* La invención de la batidora para mezclar el azúcar con el cacao en polvo
* La invención del conchado, un procedimiento que contribuyó al refinamiento del chocolate
* El proceso que consiste en templar la pasta del cacao para allanar la superficie del chocolate y para impedir la formación de cristales
* El chocolate con avellanas
* El chocolate con leche
* Los bombones con rellenos

Definitivamente… ¡gracias Suiza!




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